El mentor en el proceso de desarrollo personal

La penúltima sesión del curso, que un equipo de profesionales de la Fundación ha impartido estos días en Blanquerna, se organizó como un espacio de encuentro con jóvenes de altas capacidades que en los últimos años han estado vinculados a la Fundación y al trabajo del Dr. Berché.

Estos jóvenes compartieron generosamente con nosotros sus experiencias de vida y, a pesar de la singularidad de cada caso, todos coincidieron en señalar que conocer al Dr. marcó un antes y un después en su trayectoria vital.

El papel del mentor o mentores, de esa persona o personas que nos ayudan, nos acompañan, en distintos momentos de nuestra vida, surge, pues, como un factor relevante para entender nuestro proceso de desarrollo personal. Por eso vale la pena rescatar un apunte sobre los papeles que, según Ken Robinson, puede desempeñar un mentor en nuestra vida:

  • Reconocer. Los talentos y aptitudes individuales no puedan ser evaluados en toda su complejidad por ningún test; un mentor puede ayudarnos a reconocer aquellos campos, disciplinas o habilidades, en los que para nosotros confluye la capacidad y la pasión.
  • Estimular. Creer en nosotros mismos y mantener la confianza en nuestra capacidad para alcanzar nuestras metas y sueños, precisa, en ocasiones, del soporte y del aliento de otro. El camino es largo y el trabajo, duro, y no podemos dejar que nos venza el desaliento.
  • Facilitar. La experiencia de otro, que nos puede aconsejar, enseñar o simplemente mostrar una manera de estar en la vida, de afrontar los retos y de aprender de nuestros errores, puede resultar una ayuda inestimable en momentos de vacilación y duda.
  • Exigir. Alcanzar nuestras metas pasa, en ocasiones, por superar nuestros límites, por no conformarnos con menos de lo que podemos conseguir y puede que necesitemos un empujón para hacerlo.

“Sin un guía experimentado que nos ayude a identificar nuestras pasiones, que aliente nuestros intereses, que nos allane el camino y nos dé un empujón para que saquemos el mejor partido de nuestras habilidades, el camino es exponencialmente más duro.” (Ken Robinson, El elemento, Barcelona, 2009)

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