La lateralidad auditiva

El oído es el sentido que alcanza un mayor desarrollo intrauterino: al final del sexto mes de embarazo, está en su sitio y completamente formado, aunque el feto puede percibir sonidos procedentes de la madre o del exterior desde la semana dieciséis. Percibe perfectamente los latidos del corazón de su madre y distingue su voz entre otras, eso sí, a través del filtro del líquido amniótico que le sirve de protección.

El Dr. Alfred Tomatis, otorrinolaringólogo francés reconocido internacionalmente por su estudio de la relación entre oído, voz y psique, estableció la diferencia entre dos funciones del oído que no deben confundirse: audición y escucha.

“Oír es esencialmente pasivo; escuchar requiere adaptación voluntaria.” (Tomatis, 1987).

En muchas ocasiones, los padres nos comentan que su hijo oye muy bien pero que no escucha o solo escucha lo que le interesa. De forma intuitiva están diferenciando estas dos acciones y poniendo de manifiesto que, aunque se puede oír una amplia gama de sonidos, para escuchar hay que prestar atención; y sin una buena escucha, los aprendizajes pueden resultar muy dificultosos.

Tomatis descubrió que la voz y el oído forman parte de un mismo circuito, de manera que un cambio en uno de ellos induce un cambio en el otro y que es en la escucha donde el oído se halla lateralizado. De forma sencilla se puede decir que oímos por los dos oídos pero sólo escuchamos por uno, generalmente por el derecho, y, por ello, el nervio hipogloso, responsable de coordinar los movimientos de la lengua para el habla, también tiene normalmente un recorrido más corto en el lado derecho que en el izquierdo. Apenas unos milímetros que reducen en unos milisegundos el tiempo de respuesta a un determinado estímulo auditivo.

Debido a este factor neurofisiológico entre otros, este autor sostiene que una persona bien lateralizada, aun siendo de predominancia zurda, debe siempre escuchar por el oído derecho.

Personalmente siempre me ha llamado la atención la típica estampa de una persona en la cabina de teléfono intentando escribir una información que le está dando su interlocutor: sujeta el auricular con el hombro, que resbala constantemente por la dificultad de la postura generando pérdida de audición y la consiguiente solicitud de repetición de la información solicitada ¡Evidente!, mientras aguanta con la mano izquierda el papel o libreta donde escribe, ¡está intentando escuchar con el oído derecho y escribir con la mano derecha!

Facebook Twitter Linkedin
    Entrada publicada en Artículos, Novedades y etiquetada , . Enlace permanente.

    Dejar un comentario